Nuevas masculinidades: qué son y cómo construir una forma de ser hombre más libre y saludable
Cada vez es más habitual que a consulta lleguen personas (especialmente varones) con una idea muy concreta: romper con actitudes y estereotipos tradicionales que ya no los representan. Quieren avanzar hacia una forma de ser más coherente con quienes son hoy: más corresponsable, más emocionalmente disponible y más equitativa. Y sí: esto es valiente. Porque la sociedad todavía arrastra muchas “rémoras” que sostienen el statu quo —y cuando alguien decide cambiar, a menudo no recibe aplausos, recibe miradas raras.
¿Qué significa “nuevas masculinidades”?
Hablamos de formas de vivir la masculinidad que dejan atrás la dominación, la represión emocional y la
desigualdad, por construir una identidad más sana y completa.
No es "ser menos hombre". Es más persona.
Hombres que:
comparten tareas del hogar y cuidados sin “ayudar” (porque no es ayudar, es responsabilizarse),
expresan vulnerabilidad sin vergüenza,
cuidan su salud mental y física,
construyen relaciones basadas en el respeto,
cuestionan el machismo y la violencia (también la sutil),
y buscan vínculos más seguros, honestos y tranquilos.
Ejemplos prácticos de nuevas masculinidades (la vida real, no teoría)
1) En las emociones
Permitirse sentir y expresar emociones sin confundir sensibilidad con debilidad. Aprender a pedir
apoyo y poner palabras a lo que pasa por dentro.
2) En las relaciones
Fomentar relaciones desde la igualdad: respeto, escucha activa y cuidado mutuo, en lugar de control, celos o
dominación.
3) En el autoconcepto
Dejar atrás mitos del tipo: "los chicos no lloran", "debes ser duro", "no necesitas nadie". Aceptar que ser
cuidado y cuidar también es fortaleza.
4) En la comunicación
Utilizar la asertividad y la escucha activa para resolver conflictos, en lugar de:
agresividad,
silencio castigador,
ironía constante,
o “pasar pantalla” cuando dentro hay un volcán.
5) En la crianza
Ser una figura presente y afectiva: implicación real, no sólo "estar". Acompañar emocionalmente, poner
límites con respeto y promover una educación libre de prejuicios.
6) En el ámbito social
Denunciar al machismo en todas sus formas (también cuando es “una broma”). Revisar privilegios sin
culpa paralizante: responsabilidad, no autoflagelación.
7) En casa
Pasar de “colaborar” a compartir. La corresponsabilidad no es “echar una mano”: es entender que la casa y
los cuidados no tienen propietario, tienen equipo.
¿Por qué cuesta tanto cambiar?
Porque el cambio no es sólo interno. Es social.
Cuando alguien se atreve a salir del guión tradicional, puede encontrar:
presión del grupo (“¿ahora eres un calzazas?”),
incomprensión familiar,
pareja que también se está adaptando,
o incluso culpa (“si cambio, ¿quiere decir que antes lo hacía mal?”).
Y aquí es importante decirlo claro: cuestionarse incomoda, pero también abre puerta a una vida mucho más respirable.
Cuando el cambio genera malestar (y por qué tiene sentido trabajarlo)
Es habitual que, en este proceso, aparezcan:
ansiedad o irritabilidad,
vergüenza o culpa,
conflictos de pareja,
dificultad para poner límites,
miedo al rechazo,
o una sensación interna de “no encajo a ninguna parte”.
Cuando esto ocurre, no es que “esté roto”. A menudo es que estás desaprendiendo una forma de funcionar que
te había servido para sobrevivir… pero que ahora te empequeñece.
Dirección
Meràkia · C/ Pare Gallissà, 13, dspcho 6
08500 Vic
On-line
Sesiones por internet flexibles para los clientes desde cualquier sitio.
Agenda Pedir Cita
Fotografia: Vero Mora Noya
@veromnoya_fotografia

