¿Se acabó el amor o terminó el enamoramiento? Cómo evoluciona una relación de pareja

“Ya no siento lo mismo que antes.” Es una de las frases que más escucho en consulta. Y suele ir acompañada de mucho miedo: miedo a que la relación haya llegado a su fin, a estar con la persona equivocada o a pensar que el amor se ha acabado.

Sin embargo, muchas veces lo que ha terminado no es necesariamente el amor, sino una etapa completamente natural de muchas relaciones: el enamoramiento inicial.

Vivimos con la idea de que una pareja feliz debería sentirse siempre igual que al principio. Las películas, las redes sociales e incluso algunas canciones nos han hecho creer que el amor verdadero consiste en mantener para siempre aquellas famosas “mariposas en el estómago”.

Pero una relación cambia.

Y entender ese cambio puede ayudarnos a vivir la pareja de una forma mucho más realista, consciente y tranquila.

¿Qué es realmente el enamoramiento?

El enamoramiento suele ser una etapa de gran intensidad emocional.

Durante ese periodo intervienen distintos procesos emocionales y neurobiológicos que favorecen la ilusión, la motivación, la conexión y una atención muy centrada en la otra persona.

Por eso, al principio de una relación solemos tener muchas ganas de compartir tiempo juntos, pensamos frecuentemente en la otra persona y tendemos a fijarnos mucho más en sus virtudes que en aquello que nos diferencia.

Todo parece nuevo.

Todo resulta estimulante.

Y muchas veces sentimos que hemos encontrado a alguien prácticamente perfecto.

Pero esa intensidad no puede mantenerse exactamente igual durante toda la relación.

¿Por qué cambia el enamoramiento con el tiempo?

Porque nuestra vida necesita recuperar equilibrio.

Imagínate mantener durante diez o veinte años la misma intensidad emocional de los primeros meses de una relación: sería difícil concentrarse en el trabajo, atender responsabilidades, cuidar otras relaciones importantes o simplemente mantener una vida cotidiana estable.

Con el paso del tiempo, esa intensidad suele disminuir.

La relación entra entonces en una etapa distinta, normalmente más tranquila, en la que empezamos a conocer verdaderamente a la persona que tenemos al lado.

Y aquí aparece uno de los grandes malentendidos:

“Si ya no siento lo mismo que al principio, quizá ya no le quiero.”

Pero sentir diferente no significa necesariamente querer menos.

Puede significar simplemente que la relación está evolucionando.

El error de comparar la relación actual con los primeros meses

Es muy habitual escuchar frases como:

“Antes hablábamos durante horas.”

“Antes tenía muchas más ganas de verle.”

“Antes todo era emocionante.”

Y seguramente sea cierto.

Pero también es cierto que al principio no existían las mismas responsabilidades, la misma rutina ni el conocimiento profundo que ahora tenemos de nuestra pareja.

Una relación de cinco, diez o veinte años no puede compararse con una historia que acaba de empezar.

Son etapas diferentes.

Y cada una puede tener su propia riqueza.

El problema aparece cuando utilizamos constantemente el inicio de la relación como medida para valorar todo lo que ocurre después.

Si esperamos sentir siempre exactamente lo mismo que durante los primeros meses, cualquier relación acabará pareciendo insuficiente.

El amor empieza cuando dejamos de idealizar

Aunque pueda sonar sorprendente, muchas veces digo en consulta que el verdadero trabajo de pareja empieza cuando termina el enamoramiento.

Es entonces cuando empezamos a ver a la otra persona de una manera más completa.

Aparecen las diferencias.

Las expectativas.

Las heridas emocionales.

Las distintas formas de comunicarse.

Las necesidades que no siempre coinciden.

Las maneras diferentes de expresar afecto o de afrontar los conflictos.

Y esto no tiene por qué ser una mala noticia.

Puede ser precisamente la oportunidad de construir una relación mucho más consciente y real.

Una relación donde la otra persona ya no es perfecta, pero sigue siendo importante.

Donde podemos reconocer sus defectos y también los nuestros.

Y donde amar deja de ser únicamente una emoción espontánea para convertirse también en una forma de cuidarnos y relacionarnos.

Una relación sana no siempre se siente intensa

Existe otra creencia que genera mucho sufrimiento: pensar que si ya no sentimos una emoción intensa constantemente, algo está fallando.

Sin embargo, muchas relaciones saludables se caracterizan precisamente por algo mucho menos espectacular:

la tranquilidad.

Sentirse seguro.

Sentirse escuchado.

Confiar.

Poder mostrarse vulnerable.

Saber que, incluso cuando hay desacuerdos, podemos hablar y buscar una forma de entendernos.

La seguridad emocional rara vez produce la misma intensidad de los primeros meses.

Produce algo diferente:

calma y confianza.

Y aunque pueda parecer menos emocionante, puede resultar mucho más valioso a largo plazo.

Discutir no significa que vuestra relación esté fracasando

Otra preocupación frecuente en terapia de pareja es pensar que una buena relación debería estar libre de conflictos.

Pero dos personas diferentes inevitablemente tendrán opiniones, necesidades y formas de reaccionar distintas.

El problema no es simplemente discutir.

La pregunta importante es:

¿Cómo discutimos?

No es lo mismo expresar un desacuerdo y buscar una solución que entrar repetidamente en dinámicas de reproche, desprecio, silencio, ataques personales o distanciamiento emocional.

Una pareja puede tener conflictos y seguir teniendo una relación saludable.

Lo importante es desarrollar herramientas que permitan hablar de las diferencias sin convertir cada discusión en una batalla.

Aprender a escuchar.

Expresar necesidades sin atacar.

Pedir perdón cuando sea necesario.

Poner límites.

Y entender qué hay detrás de determinados conflictos que se repiten una y otra vez.

A veces, una discusión aparentemente pequeña no habla realmente de quién recoge la cocina o quién llegó tarde.

Puede estar hablando de algo mucho más profundo:

“No me siento tenido en cuenta.”

“Siento que no soy importante para ti.”

“Necesito sentirme acompañado.”

Comprender aquello que realmente se está jugando debajo del conflicto puede cambiar completamente la conversación.

El amor también necesita cuidados

Muchas parejas esperan que la relación funcione de manera espontánea.

Pero igual que cuidamos otras áreas importantes de nuestra vida, una relación también necesita atención.

El vínculo se construye en pequeñas acciones cotidianas:

En escuchar.

En preguntar cómo está la otra persona.

En expresar afecto.

En reparar después de un conflicto.

En reconocer nuestros errores.

En reservar tiempo para la pareja incluso cuando la rutina aprieta.

Las emociones cambian.

Los sentimientos fluctúan.

Pero los vínculos pueden fortalecerse gracias a las acciones que repetimos cada día.

¿Cuándo puede ayudar la terapia de pareja?

No hace falta esperar a que una relación esté completamente rota para acudir a terapia de pareja.

Puede ser útil cuando aparecen situaciones como:

  • discusiones que se repiten sin encontrar solución;

  • dificultades para comunicarse;

  • distanciamiento emocional;

  • pérdida de intimidad o conexión;

  • dudas sobre la continuidad de la relación;

  • cambios importantes que están afectando a la pareja;

  • dificultades para expresar necesidades o poner límites.

La terapia no consiste en decidir quién tiene razón.

El objetivo es comprender qué está ocurriendo en la relación, identificar las dinámicas que generan sufrimiento y encontrar nuevas formas de comunicarse y relacionarse.

A veces, entender qué está pasando ya supone un cambio importante.

¿Se acabó el amor o simplemente está cambiando la relación?

Si hoy sientes que vuestra relación ya no es como antes, eso no significa automáticamente que el amor haya terminado.

Quizá simplemente habéis dejado atrás la etapa del enamoramiento.

Y eso no tiene por qué ser una mala noticia.

Porque mientras el enamoramiento aparece de forma espontánea, el amor maduro también se construye.

Se cuida.

Se alimenta.

Se revisa.

Y cuando ambas personas están dispuestas a hacerlo, puede convertirse en un vínculo mucho más profundo, estable y satisfactorio que la intensidad inicial.

Las mariposas son bonitas.

Pero una relación en la que puedes sentirte escuchado, respetado, comprendido y seguro tiene un valor diferente.

Y muchas veces es precisamente ahí donde empieza el amor más real.

¿Sientes que vuestra relación ha cambiado?

Si os cuesta comunicaros, os encontráis atrapados en los mismos conflictos o no sabéis si estáis atravesando una etapa normal de la relación o existe un problema más profundo, la terapia de pareja puede ofreceros un espacio para comprender qué está ocurriendo y trabajar juntos la relación.

Elisabeth Rusiñol ofrece sesiones de terapia de pareja en Vic y modalidad online.

Libro recomendado

El buen amor en la pareja, de Joan Garriga.

Dirección

Meràkia · C/ Pare Gallissà, 13, dspcho 6

08500 Vic

On-line

Sesiones por internet flexibles para los clientes desde cualquier sitio.


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Fotografia: Vero Mora Noya
@veromnoya_fotografia