Coaching sistémico de pareja: cuando el problema no es quién tiene razón, sino cómo nos relacionamos

Hay parejas que discuten mucho. Otras casi no discuten, pero se han ido distanciando. Algunas sienten que todavía se quieren, pero ya no saben cómo entenderse. Y hay parejas que repiten una y otra vez el mismo conflicto, aunque ambos hayan prometido que la próxima vez será diferente. Cuando esto ocurre, es fácil empezar a buscar culpables.

a group of people sitting around a living room
a group of people sitting around a living room

¿Quién ha cambiado? ¿Quién escucha menos? ¿Quién cede demasiado? ¿Quién tiene razón?

Pero muchas veces la pregunta más útil no es saber quién es el responsable del problema, sino entender qué está ocurriendo entre los dos.

Esta es una de las bases del coaching sistémico de pareja.

La pareja es más que dos personas

Cuando dos personas construyen una relación, no solo conviven dos personalidades diferentes.

También entran en juego sus historias personales, las familias de origen, las expectativas, los miedos, las experiencias anteriores, la manera de entender el amor, los roles que cada uno asume y todo aquello que, con los años, la pareja ha ido construyendo conjuntamente.

Poco a poco se crea un sistema propio.

Una determinada manera de comunicarse.

Una manera de reaccionar ante los conflictos.

Una manera de acercarse o alejarse.

Unos equilibrios que, aunque a veces provoquen malestar, pueden acabar repitiéndose casi automáticamente.

Por eso, desde una mirada sistémica, no se trata simplemente de analizar qué hace mal cada uno.

Se trata de observar qué dinámica se ha creado entre ambos.

Cuando siempre acabamos discutiendo por lo mismo

En muchas parejas el contenido de las discusiones cambia, pero el patrón es prácticamente siempre el mismo.

Puede empezar por el dinero, los hijos, el tiempo libre, la familia, el sexo, las tareas de casa o por un mensaje que no ha llegado cuando se esperaba.

Pero debajo de estos conflictos puede haber una dinámica repetitiva.

Por ejemplo:

Una persona necesita hablar inmediatamente del problema y busca una respuesta.

La otra se siente presionada, se bloquea y se aleja.

Cuanto más se aleja una, más insiste la otra.

Y cuanto más insiste una, más necesidad tiene la otra de retirarse.

Al final, ambas acaban confirmando aquello que temían.

Una piensa: «No te importo lo suficiente.»

La otra piensa: «Nunca puedo hacer nada bien.»

Y el círculo vuelve a empezar.

En estos casos, el problema ya no es solo aquello que ha provocado la discusión.

El problema es el patrón que la pareja activa cada vez que aparece una dificultad.

No se trata de decidir quién tiene razón

Una de las dificultades más habituales cuando una pareja atraviesa un momento complicado es convertir cada conversación en una especie de juicio.

Cada uno presenta sus argumentos.

Recuerda situaciones pasadas.

Busca ejemplos que demuestren su posición.

Y espera que el otro reconozca finalmente que se ha equivocado.

Pero una relación no funciona como un tribunal.

Se puede ganar una discusión y, al mismo tiempo, perder un poco más la conexión con la persona que tenemos delante.

El trabajo sistémico intenta salir de esta lógica.

No busca determinar quién es «el bueno» y quién es «el malo».

Busca entender qué aporta cada uno a la dinámica y qué necesita cambiar para que la relación pueda funcionar de otra manera.

Esto implica responsabilidad, pero no culpabilidad.

¿Qué se puede trabajar en un proceso de coaching sistémico de pareja?

Cada pareja es diferente, pero hay algunos aspectos que aparecen a menudo durante el proceso.

Identificar patrones repetitivos

Muchas reacciones acaban convirtiéndose en automatismos.

Cuando podemos observarlos desde fuera, es más fácil dejar de reaccionar siempre de la misma manera.

Mejorar la comunicación

Comunicarse no significa simplemente hablar más.

Significa aprender a expresar qué necesitamos, escuchar sin preparar inmediatamente una defensa y distinguir entre aquello que la otra persona dice y aquello que nosotros interpretamos.

Revisar roles y equilibrios

Con los años podemos asumir determinados papeles dentro de la relación: quién decide, quién cuida, quién organiza, quién evita los conflictos, quién reclama o quién siempre acaba cediendo.

Algunos de estos equilibrios pueden haber sido útiles en un momento determinado, pero dejar de funcionar con el tiempo.

Entender las necesidades de cada uno

Detrás de una discusión a menudo hay necesidades que no se están expresando directamente.

Necesidad de reconocimiento.

De seguridad.

De espacio personal.

De afecto.

De sentirse escuchado.

De volver a formar equipo.

Poder identificar estas necesidades ayuda a dejar de discutir únicamente sobre el síntoma.

Adaptar la relación a los cambios

Las parejas evolucionan.

No es lo mismo empezar una relación que convivir, tener hijos, afrontar problemas laborales, cuidar a familiares, superar una enfermedad o llegar a una nueva etapa vital.

Una relación que funcionaba hace diez años puede necesitar nuevos acuerdos hoy.

Y eso no significa necesariamente que la relación haya fracasado.

Significa que el sistema necesita evolucionar.

¿Cuándo puede ser útil buscar ayuda?

No hace falta esperar a que la relación esté al límite.

De hecho, a menudo es más fácil trabajar cuando todavía existe voluntad de comprender qué está ocurriendo y de probar formas diferentes de relacionarse.

Puede ser útil plantearse un proceso de acompañamiento cuando:

  • las discusiones son cada vez más frecuentes o intensas;

  • aparecen siempre los mismos conflictos;

  • cuesta hablar sin acabar atacándose o poniéndose a la defensiva;

  • existe distancia emocional;

  • se ha perdido parte de la confianza o la complicidad;

  • un cambio vital ha alterado el equilibrio de la pareja;

  • hay decisiones importantes que no se saben afrontar conjuntamente;

  • o simplemente existe la sensación de que la relación podría funcionar mejor, pero no se sabe por dónde empezar.

Pedir ayuda no significa necesariamente decidir si una pareja debe continuar o separarse.

El primer objetivo es poder entender mejor qué está ocurriendo.

Cambiar la pregunta puede cambiar la relación

Cuando una pareja está atrapada en un conflicto, es habitual preguntarse:

«¿Qué le pasa al otro?»

La mirada sistémica propone una pregunta diferente:

«¿Qué nos está pasando?»

Este pequeño cambio es importante.

Porque deja de situar el problema exclusivamente dentro de una de las dos personas y permite observar la relación desde una perspectiva más amplia.

A partir de ahí se pueden identificar patrones, revisar expectativas, entender necesidades y construir formas diferentes de relacionarse.

No siempre podemos cambiar aquello que ha ocurrido.

Pero sí podemos cambiar cómo nos relacionamos con aquello que ocurre a partir de ahora.

Coaching sistémico de pareja

Si sentís que vuestra relación ha entrado en un círculo de discusiones, distancia o incomprensión y queréis entender qué está ocurriendo entre vosotros, un proceso de coaching sistémico de pareja puede ayudaros a observar la situación desde una perspectiva diferente.

El objetivo no es buscar culpables ni decidir quién tiene razón, sino identificar las dinámicas que se han ido construyendo y trabajar nuevas formas de comunicaros, comprenderos y relacionaros.

Podéis contactar conmigo para valorar vuestro caso y ver qué tipo de acompañamiento puede ser más adecuado.

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Fotografia: Vero Mora Noya
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